
Revista en Poesía Isla Negra

El Zoo de la Isla Negra
especial de la revista Isla Negra (edición 10/388) distribuido en septiembre de 2014


Jacques Prevert
Francia – 1900 -1977
Para hacer el retrato de un pájaro
Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después algo bonito
algo simple, algo bello,
algo útil para el pájaro.
Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
Sin decir nada, sin moverse
A veces el pájaro llega enseguida
Pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse
Hay que esperar
Esperar si es necesario durante años
La celeridad o la tardanza
En la llegada del pájaro
No tiene nada que ver
Con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro llega, si llega
observar el más profundo silencio
esperar que el pájaro entre en la jaula
y una vez que haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel.
Después borrar uno a uno todos los barrotes
cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.
Hacer acto seguido, el retrato del árbol,
escogiendo la rama más bella para el pájaro,
Pintar también el verde follaje
Y la frescura del viento,
El polvillo del sol
y el ruido de los bichos de la hierva en el calor estival
y después esperar
que el pájaro se decida a cantar.
Si el pájaro no canta, mala señal,
Señal de que el cuadro es malo,
Pero si canta es buena señal,
Señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle delicadamente
una pluma al pájaro
Y escribid vuestro nombre
En un ángulo del cuadro.
Nicanor Parra
Chile - 1914
Jardín Zoológico
Dentro de algunos años sucederá lo siguiente:
Un elefante de dos tres metros de altura pensará para sí:
Yo soy un elefante útil a mí mismo
Mis pantalones respiran felicidad hasta por el marrueco.
Cuesta un poco andar hacia atrás -hacia lo alto
Hacia la imagen de otro elefante más bello que yo
Con el objeto de sufrir un pequeño cargo de conciencia.
Qué sería de un pobre elefante si le arrancáramos los colmillos
Y después le diéramos de golpes en las costillas
Hasta que dejara de existir.
A lo que la mosca responderá:
Hermano elefante, tus palabras nos desconciertan
Mírame a mí rebosante de salud
Marchar entre las hojas entre las flores
Entre las patas de los elefantes
Marchar en busca de otra mosca igual a mí.
Sigue el ejemplo de una mosca que piensa que sueña que sonríe
Y que generalmente hace su nido
En los yacimientos de abonos artificiales.
Este breve diálogo se llevará a efecto dentro de varios años
En un jardín particular dotado de luz eléctrica
En cuya puerta podrá leerse la siguiente inscripción:
"Jardín particular, viernes y sábado de once a doce"
Entonces el elefante despertará de su sueño infernal
Y apoyado en una especie de ataúd exclamará:
Dios protege a los animales
El no permitirá que yo muera
Las moscas suelen creerse perfectas
Ellas vuelan, a veces ellas van de un punto a otro
Mueven sus brazos y piernas a un mismo tiempo.
A lo que la mosca agregará:
Cordero de Dios, estos elefantes se están volviendo locos
Llenan de agua sus trompas que luego lanzan fuera de sí
Ellos corren a velocidades fantásticas
Por esos jardines particulares sin puertas sin ventanas
Como elefantes enfermos llamados a desaparecer.
En este momento sucederá lo siguiente:
Las moscas crecerán hasta adquirir el volumen de un elefante
Y por su parte los elefantes bajarán de peso
Sus imágenes se reducirán una y mil veces
Hasta transformarse en pequeños elefantes de cocina de salón
Ellos serán unos seres diminutos que andarán por todas partes
En las frutas en el azúcar en la sopa
Y las moscas provistas de fuertes colmillos
Se replegarán hacia el extremo oriente.
Obra gruesa-Santiago, Universitaria, 1969
Vicente Huidobro
Santiago, Chile – 1893 -1948
Altazor - Canto IV
fragmento
No hay tiempo que perder
Ya viene la golondrina monotémpora
Trae un acento antípoda de lejanías que se acercan
Viene gondoleando la golondrina
Al horitaña de la montazonte
La violondrina y el goloncelo
Descolgada esta mañana de la lunala
Se acerca a todo galope
Ya viene la golondrina
Ya viene la golonfina
Ya viene la golontrina
Ya viene la goloncima
Viene la golonchina
Viene la golonclima
Ya viene la golonrima
Ya viene la golonrisa
La golonniña
La golongira
La golonlira
La golonbrisa
La golonchilla
Ya viene la golondíla
Y la noche encoge sus uñas como el leopardo
Ya viene la golontrina
Que tiene un nido en cada uno de los dos calores
Como yo lo tengo en los cuatro horizontes
Ya viene la golonrisa
Y las olas se levantan en la punta de los pies
Viene la golonniña
Y siente un vahído la cabeza de la montaña
Viene la golongira
Y el viento se hace parábola de sílfides en orgía
Se llenan de notas los hilos telefónicos
Se duerme el ocaso con la cabeza escondida
Y el árbol con el pulso afiebrado
Pero el cielo prefiere el rodoñol
Su niño querido el rorreñol
Su flor de alegría el romiñol
Su piel de lágrima el rofañol
Su garganta nocturna el rosoiñol
El rolañol
El rosiñol.
Fredy Chicangana
Nación Yanakuna Mitmak, suroriente del Cauca, Colombia
El pájaro color arco iris
El pájaro color arco iris, surcador de los surcos, cantador de la lluvia
Partió del nido y no ha vuelto aún.
No hay canto sobre los altos jiguas, ni colores fugaces sobre el firmamento;
Sus nidos de redondas puertas se enfrían cada noche y los árboles lloran el tamborear de los picos.
Qué triste es partir de la tierra que nos dio comida,
Del viento que nos vio jugar sobre las verdes pampas
De la noche y la luna jugando con nuestras sombras
De aquellos caminos que agitan el alma.
El pájaro color arco iris, tú y yo y otros yanaconas nos fuimos del nido:
Emigramos buscando nuevos caminos o huyendo de la escasez de la chacra;
Partimos, sin partir de la madre.
Huímos, sin huir del fuego hecho placenta.
Algún día volveremos desde el techo de hierro huyendo del áspero sabor del aroma y
el ruido que carcome el cuerpo.
Volveremos cantando,
como el pájaro color arco iris que nos mira desde la distancia.
Volveremos para besar los tapukus,
Para animar la vida de Jukas que en los bosques gime,
Para irnos a buscar la serpiente que bulle sobre los Yakus
Para seguir siendo pájaros que anidan el alma.



Fermín Estrella Gutiérrez
Almería, España - 1900- Argentina - 1990
XII -El búho negro
El búho negro se posó en la cruz.
El búho negro se bebió la noche.
El búho negro se incendió los ojos
y ahora le brillan, como dos relámpagos.
El búho negro volará mañana:
yo le daré un mensaje para el cielo.
Puñal de Orión para la mano mía,
y una estrella, una sola, que me vele.
El búho negro se posó en la cruz.
Mario Jaime
Pingüino
Madre, conviérteme en pingüino
Para ser bello, para saltar con brincos torpes los caminos
Para deslizarme entre los soplos helados de Neptuno
Y engordar con el aceite de pescado
Para honrar el cosmos en silencio
Y observar, serenamentre, los ocasos
En Poemas africanos, Ediciones La rana, México, 2014
Juan Calzadilla
Venezuela - 1931
Cantar a los pájaros
Observa con qué facilidad escribes
sobre pájaros. Pero ¿cuántos has palpado
amorosamente con el calor de tus manos?
¿Cuántos han latido realmente
bajo la presión de tus dedos?
¿Acaso los has descrito
sin olvidar detalle como quien
conoce bien un cuerpo amado?
¿Los has liberado acaso
del peso de tus palabras?
Choi Seung-Ho
Chuncheón, Corea - 1954
Mariposa
Nunca he visto una mariposa que vuele llevando carga en la espalda o colgándose la carga como un helicóptero. La mariposa tiene tan sólo un cuerpo liviano. El cuerpo es toda su fortuna. No tiene pertenencias. Ligera, sin poseer nada, anda volando. Las flores son sus tabernas. Las hojas son moradas que las protegen de las lluvias. Su vida es una danza que se despliega en lo alto. La culminación de la danza es su muerte. Al morir envejecida no tiene nada que desear. No tiene nada que desear y por eso es libre, incluso al morir.
De Autobiografía de hielo(2010)
Ariruma Kowii
Peguche, Otavalo, Ecuador – 1961
Somos cóndores
Somos cóndores, somos pumas somos la boa sagrada
somos el corazón, el pulso de la madre tierra
somos sus hijos, somos sus entrañas,
somos el reflejo de sus sueños,
somos su paz, su amanecer.
Elvio Romero
Yegros, Paraguay - 1926 - 2004
Ynambú-i (Perdíz silvestre)
¡Susto en las hierbas!
Silbido original,
pico al ras de la tierra,
flecha en el pasto, ocasional, sonora
estridencia color perdiz arena,
chispa en el matorral,
flauta en la siesta.
Revuelo codorniz.
¡Susto en las hierbas!
Humberto Ak’abal
Momostenango, Guatemala - 1952
Jaguar
Otras veces soy jaguar,
corro por barrancos,
salto sobre peñascos,
trepo montañas.
Miro más allá del cielo,
más allá del agua,
más allá de la tierra.
Platico con el sol,
juego con la luna,
arranco estrellas
y las pego a mi cuerpo.
Mientras muevo la cola,
me echo sobre el pasto
con la lengua de fuera.
Manlio Argueta
El Salvador - 1935
Los zopilotes
Vuela sobre los basureros.
Se posa sobre los animales muertos.
Se alimenta de carroñas, inmundicias
de toda clase: caballos, perros
y seres que no tienen sepultura.
Es del tamaño de una gallina. Color negro.
Excepto, algunos casos, cabeza roja o blanca.
El cuello es rugoso y detestable.
Pico grande y afilado como navaja.
Comienza por devorar los ojos,
luego va descarnando a la víctima
hasta dejar los huesos pálidos.
Se le ve volar encima de los volcanes,
planeando. Volando en círculos.
Busca muertos en el monte y las calles.
Su nombre científico es Coragys Atratus.
Cuando tiene la cabeza blanca o colorada
recibe el nombre de quebrantahuesos,
o rey de los zopilotes o tencute,
y científicamente: Caracara Cheriwey.
Es el águila negra de las canciones
mejicanas, para diferenciarla
de las verdaderas águilas.
Pero la caraterística fundamental
del zopilote es que se come los muertos
del otro mundo. A diferencia
del águila majestuosa, hermana
de nuestro gavilán pollero, ave rapaz,
elástica, fulgurante,
que se alimenta de seres vivos.
Bella y terrible, a la vez.
El águila es hermosa,
el zopilote come mierda.
Jorge Leónidas Escudero
San Juan, Argentina - 1920
El relincho ( Guanaco Jefe )
Paró pata en la cumbre reinadora
y miró por el tiempo de sus hembras,
copó al viento, le puso contraseñas
y lo volcó en las cuestas azulinas.
De cogote cruzado con las nubes estuvo,
anteojo de ser luz, pegado al cielo.
Corazón de algo grande parecía
diminuto en la mano de una peña.
Del alto nacedero de sus ojos, la nieve
colgaba derritiéndose para formar los ríos,
los pastos amarillos caían de su pecho
saltando las quebradas rumbo a las vegas verdes.
Y enhorquetó de pronto un eco en las orejas:
entre los farallones la piedrita movida.
Dio una vuelta en redondo, avizoró de frente
y así entró por el ojo de la carabina.
Lanzó un relincho azul, morado y negro;
le chispeó en el codillo abierta rosa;
sorprendido en secretos con su ángel
entró al revolcadero de la sombra.
Huyeron las guanacas por las crestas;
hilaron con su lana los abismos;
y la cumbre quedó sin corazón arriba,
como un grito en la nada, sólo piedra.
Antonio Cisneros
Lima, Perú – 1942 - 2012
Un perro negro
Un perro. Un prado.
Un perro negro sobre un gran prado verde.
¿Es posible que en un país como éste aún exista un perro
negro sobre un gran prado verde?
Un perro negro ni grande ni pequeño ni peludo ni pelado
ni manso ni feroz.
Un perro negro común y corriente sobre un prado ordinario.
Un perro. Un prado.
En este país un perro negro sobre un gran prado verde
Es cosa de maravilla y de rencor.
Leticia Luna
Ciudad de México, México - 1965
Xólotl
Para Itzia Pintado
I
El xolo ama a los dioses
corre por el jardín de Sylvia María —la poeta—
y resplandece como una centella celeste
Al olfatear el pasto verdísimo
se acomoda en los brazos de quien lo llama
su piel ardiente es como una almohada tibia
Entre los alcatraces —aroma a fuego cocinando maíz—
el xolo desencadena sus pupilas de ámbar
II
Al viajar hacia los nevados volcanes
se acrecentó mi entusiasmo por el xolo
partícula de México encarnada en un perro
El xoloitzcuintle es un animal despierto
el nahual de un dios llamado Quetzalcóatl
del altar toma una flor de cempaxóchitl
se vuelve naranja y en su carrera diaria
acompaña al Sol
III
¿Dónde habita Xólotl?
¿Seguirá aullando al conducir las almas
hacia otros cielos?
Nguyen Quang Thieu
Vietnam - 1957
Alas de mariposa
En alguna parte cerca las alas de una mariposa vibran con el primer
aliento de enero.
Las alas de una mariposa delgadas como cualquier vacío, delgadas
como cualquier vaguedad,
se abren en alguna parte, unas verdaderas alas de mariposa.
Corrimos hasta la plaza, nuestros cuerpos tocándose,
alguien gritó airado, destruyó el momento.
Olvidamos que en alguna parte en el matorral
las orugas están rompiendo sus capullos.
Cerca en alguna parte hay una luz que no muere en la oscuridad,
un movimiento que se hace más y más fuerte en su inmovilidad,
pacientemente se esconde sobre campos y cielos,
emergiendo como una frágil belleza a punto de partir.
Cerca en alguna parte, no cerca, sino en torno
las alas de la mariposa se abren desde la oscuridad hacia la luz.
Llevan su belleza hacia el tibio aliento de enero.
La llevan hacia el mundo
sin el menor ruido.
Traducción de Nicolás Suescún
Fuente:Magazine of WPM
Silvia N. Barei
Córdoba, Argentina
Mis perros no tienen insomnio
a Sole
En la calle un ladrido lejano
al que ellos no responden.
No reparan en sus noventa
pulsaciones por minuto
y les es casi natural
la dulce paz de largos años
el adiós sin distancia
la sombra aligerada
los gestos de animal benigno
que ya no sabe de acechos
ni de penurias diarias.
A las cuatro de la mañana prendo la luz.
Un libro me necesita.
El hombre tiene un color terroso
y camina por la ciudad más peligrosa del mundo.
En la capa de aire caliente han proliferado los buitres… [1]
En los repliegues de la ficción
en los ovillos de una palabra que se escurre
el sueño se pierde para siempre
como una carta extraviada.
Mis perros no saben que la noche
se sostiene en el borde de este libro
mientras la vida manda señales extrañas:
el insomnio es el cataclismo natural
que vivo en todos los tonos posibles
y con gozosa irrealidad.
1-Carlos Ruiz Zafón. La sombra del viento
Giosué Carducci
Val di Castello, Italia - 1835 - 1907
El buey
¡Piadoso buey! Al verte mi corazón se llena
de un grato sentimiento de paz y de ternura,
y te amo cuando miras inmóvil la llanura
que debe a tus vigores ser más fecunda y buena.
Bajo el pesado yugo tú no sientes la pena
y así ayudas al hombre que tu paso apresura,
y a su voz y a su hierro contesta la dulzura
doliente con que gira tu mirada serena.
De tu ancha nariz brota como un vaho tu aliento
y tu afable mugido lentamente en el viento
vibrando como un salmo de alegría, se pierde...
Y en su austera dulzura, tus dos verdes pupilas
reflejan cual si fuesen dos lagunas tranquilas,
el divino silencio de la llanura verde.
Carlos Aldazábal
Salta, Argentina
Tigre
Felino sí.
Probablemente puma o simple gato:
la madera tallada no transmite verdades
y a un tigre de madera no se le ven dibujos.
Faltaría un pintor, alguien que con minucia
le decore el hocico, las patas, los costados,
para que la madera forme al tigre,
espejismo de rayas, pura voluntad de artesanía.
Luego sí, vendrá algún domador hecho de plomo:
acercará la silla, y al oído del tigre
escupirá verdades hasta formar la jaula.
Con un poco de alambre cubierto de algodones
construirá un gran aro para que el tigre salte
y el fuego lo consuma, como consume el fuego la madera.
¿Y si el tigre le ruge? ¿y si el tigre no salta?
¿si la silla se rompe y el domador tropieza?
¿y si el fuego perdona los colores del tigre
y se encarga del plomo y lo convierte en río,
y el tigre va y se baña, como hacen los tigres
que no son de madera, y se queda sin jaula?
¿Entonces se sabrán los dibujos del tigre?
¿O será por el agua, su devenir, sus ríos,
que Heráclito hablará de las certezas?
Juan Manuel Roca
Colombia
Poema con tigres
El tigre lleva en la piel los barrotes de su jaula.
Eduardo Umaña Bernal
Siempre, entre el tigre y mi precaria humanidad,
hubo una jaula.
A veces nos separaban los barrotes del zoo,
A veces las rejas que traman las palabras.
Ni el tigre de Blake,
Ni el tigre al que Valéry llamó
Campo listado o cosa parecida, rugieron en mi
tienda.
Ni siquiera el tigre de Borges
Cuyo lazarillo es la noche.
Menos aún el tigre de la Malasia,
El temido de Ishnapur,
El tigre de la aldea que se escondía en la niebla.
Mi tigre siempre fue tigre de papel.
Yo iba por las junglas del lenguaje,
Un pobre cazador dormido entre fogatas,
Alguien que seguía las huellas dactilares de la
fábula.
De safari por la lengua esparcía trampas
Para atrapar la palabra tigre y amansarla.
A duras penas apresaba una dulce jaguaresa
En la floresta de letras de Horacio Quiroga.
Pero hoy vi tus pasos sigilosos,
Los vi en la algazara de los tucanes y los monos
Que señalaban en su alarma la dirección de tus
garras.
Te vi junto al río y ya no hubo más jaula que
mi miedo,
Tigre en libertad,
Flama en la noche de los sentidos.
Chantal Maillard
Bruselas, Bélgica – 1951- Reside en España
Trazas de luz sobre la piel. Superficie estriada. No surcos, no hendiduras, no heridas, sino trazas, vías, accesos para el acontecer.
El caracol es uno, también, con su concha; crece con ella, al mismo tiempo, al mismo ritmo. La construye al tiempo que se construye a sí mismo. Y se refugia en ella, se refugia en sí mismo en tiempos de sequía, sellando el orificio para preservarse, para preservar la humedad que necesita para seguir viviendo hasta que las condiciones sean adecuadas. (…)
Pero el caracol no se siente importante. No lo es. Él es el otro que respira bajo las hojas de acanto. (…) Esa respiración es el otro, el que dicta, el que exhala. El otro que somos todos bajo las hojas de acanto. El saber no sabido por el mí, sólo adivinado, y en la traza, reconocido. (…)
Recoger al erizo, desvalido e hiriente, en medio de la calzada y dejarle a salvo, en el campo. Luego, buscar alguna umbría y, allí, poner la mano, extenderla, los dedos haciendo puente para los caracoles.
Más pequeño que el erizo, inadvertido, sin pretensiones, el caracol pasa sin defenderse. Transita. En la mano, apenas sentimos una ligera humedad que luego cristaliza”.
Fragm: En la traza. Pequeña zoología poemática
Carlo Bordini
Roma, Italia
Fácil profecía
Las máquinas se moverán con autónoma
voluntad, y estarán vivas.
Alguien las dotará, para hacerlas funcionar mejor, de un sentido
de bienestar
para cuando logren una acción,
y un mismo sentido de bienestar ante los elogios
humanos o según el tono de sus voces.
Y una sensación de malestar cuando sufran desperfectos, y cuando
los humanos no queden satisfechos con ellas,
y, al contrario, un sentido de malestar
cuando hayan trabajado a destajo y se dañen.
Y también un sentido de malestar cuando les falte energía
Entonces las máquinas sentirán hambre,
y tendrán necesidad de nutrirse, como las gallinas y los halcones y los buitres
y: pavos
en su inconciencia de máquinas
o mejor[:]
los pavos los cóndores los buitres
con angustia en el pecho
sombra o nostalgia de los dinosaurios.
Buscarán alimento y comenzarán
a disputárselo y a disputarlo a los humanos. Y todo aquello
que es funcional y armónico y agradable les parecerá
bello,
y ellas serán como nosotros.
I costruttori di vulcani, 2010.
Versión del italiano: Gabriel Impaglione
Humberto Vinueza
Guayaquil, Ecuador – 1942
El gallo canta
y no siempre amanece.
O solo amanece a medias
si el gallo canta hacia adentro de la tierra
o de los conductos que perforan las palabras.
Nunca amanece en la noche de la sordera.
El gallo canta amanezca o anochezca
jamás extravía su don y vocación de canto.
Canta el gallo para quien lo escucha
adentro de la tierra
en el centro del aire
o desde pasadizos ocultos
que a veces horadan las palabras
para significarse entre sí.
Francisco Morales Santos
Guatemala - 1940
Sabiduría antigua
a Mario Payeras
De seguro que si las aves fueran
el corazón del universo,
nunca habría pasado inadvertida
su lección de elevarse
con espíritu fuerte
bajo los temporales,
pues los pájaros saben
que no hay invierno que dure cien años
y que, al pasar la tormenta,
la primera semilla que brota
es el sol.
Concepción Bertone
Rosario, Argentina - 1947
Caballos
a mi padre Francisco Antonio Aversa,
en memoria
Yo sólo veía del caballo oscuro
el lucero de blanco pelo
que le dividía la frente, la crin
tusada por la parcial visión, por el hecho
de no tener más ojos
que para ver esa estrella. Él
veía la majestuosa genealogía del pedigree,
el pelaje enjoyado por el “masaje”, el
cuidado amoroso, antes y después
de la carrera, el paso airoso,
la apuesta de la corazonada, la gesta, y
lo que yo puedo ver ahora
en el remedo, la copia
-ex profeso inexacta-
que queda en la memoria: el juego
por el juego, por la lúdica
vida, la vana gloria, la herida
siempre enconada del recuerdo. Mi padre.
Un pura sangre, un quemante resuello
de hazañas y rodadas,
un destello de hielo
en los claros ojos. Siempre será
ese modo lejano de amar. La luna,
en un eclipse total, esta noche
que la tierra no la deja mirarse
en los ojos del sol, es fija
de ese amor que me entenebra.
en Aria da capo, 2006
Fernando Rendón
Medellín, Colombia- 1951
Zoo
La fiera es la jaula
El futuro nos llega como oruga no guarda afán el júbilo
El pasado es un lirón que ronca con pocos sueños hermosos
La esperanza es un blanco fénix
Y mi afán es una gacela escarlata perseguida por los galgos del rey
Este zoo es una ciudad de jaulas en cada puerta candados y herrumbrosas cerraduras
en cada ventana barrotes y ojos
En los rincones simios que niegan ser parientes de Darwin panteras nocturnas con ojos
de incendio cocodrilos que lloran como arrepentidos del amor boas con apetito
de obispos y banqueros guacamayos con los colores de la poesía hienas que
ríen sin ganas ante el día deslustrado
leones que pierden la dignidad y la melena tigres jeroglíficos
hombres asomados a sus ojos en los ojos infinitos de los animales
y muchos carceleros encadenados a sus hierros
Cuando crezcáis ayudadnos a abrir todas las jaulas.
A los niños
Pablo Neruda
Chile – 1904 - 1973
Oda al gato
Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.
Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.
Masaoka Shiki
Matsuyama-Japón, 1867 –902
El caracol se arrastra
dos o tres pasos
y se acaba el día.
Osvaldo Ballina
La Plata, Argentina -1942
Poema 16
(Conjuros)
El tigre mira alrededor desde su arbitrio absoluto: no hay más
olor humano en el mundo. Jaulas de palabras preciosas, algún
paraíso arcaico y el parricido del bárbaro.
Chu-Chen-Pai
China - Siglo IX
El erizo
En marcha, parece una pelota de espinos en movimiento;
Parado es redondo como una castaña.
No despreciéis su pequeñez.
¿Quién osaría pegarle un puñetazo?
versión de Álvaro Yunque
Luis Alberto Crespo
Carora, Venezuela - 1941
Escucha Ezequiel
Un venado se seca en la alambrada
después de librarse del disparo que corría más veloz que su miedo
En la fuga se llevó por delante el viento
La red con dientes de lobo lo detuvo
En el forcejeo la vida el otro cazador el más silencioso
lo redujo a un varillaje de huesos y pellejos
Del otro lado se avistaba el bosque su vasto cielo de ave terrestre
pero sólo esa vez.
“La misma vez”, Altazor, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2013
Ted Hughes
Mytholmroyd, Yorkshire – Inglaterra- 1930 – 1998
El zorro que piensa
Imagino el bosque en este instante de la medianoche:
Algo más está vivo
Además de la soledad del reloj
Y esta página en blanco donde se deslizan mis dedos.
Por la ventana veo estrellas:
Algo más cercano
Aunque más profundo en lo oscuro
Entra en la soledad:
Fría, delicadamente como la oscura nieve
El hocico de un zorro toca ramitas, hojas;
Dos ojos siguen un movimiento que ahora
Y de nuevo ahora, y ahora, y ahora
Deja limpias huellas en la nieve
Entre árboles, y con cautela una sombra
Truncada la rellena un tocón y un cuerpo
Hueco que se atreve a venir
Por los claros del bosque, un ojo,
Un verdor basto y profundo,
Brillantemente, concentradamente,
Se ocupa de sí mismo
Hasta que, con súbito y caliente hedor de zorro,
Entra en el oscuro agujero de la cabeza.
Aún no hay estrellas; hace tic-tac el reloj,
La página está escrita.
Timothy Wangusa
Uganda -1940
El elefante africano
Escuchen el toque de anuncio
Del elefante africano, ¡tetrarca de la jungla!
Observen cuán lento, majestuoso avanza a las patas
De las matriarcas, sus crías y su macho
Mientras enfilan hacia el abrevadero.
Observen qué ternura de la madre por su infante,
Montando guardia para dejarlo beber hasta saciarse,
Revolcándose juntos en el protector y glorioso cieno,
Señalando luego la vía de vuelta
A la rutina cotidiana
De reducir la selva tropical a sabana.
Observen la plegable trompa multipropósito:
Su herramienta de cavar y cuchillo cosechero,
Su conducto de agua y arma de batalla,
Su órgano para oler y para agarrar el mundo.
Ponderen entonces la paradójica maldición
De sus colmillos gemelos:
Desde tiempo inmemorial
La sustancia de ornamentos inmortales;
Aun desde la aurora del saqueo imperial
De África para exportar almas humanas -
Marfil -
La maldición del elefante africano -
Para proveer culturas exóticas
De teclas de piano y de bolas de billar.
Traducción de Rafael Patiño Góez - Fuente: Magazine of WPM
Joan Margarit
Catalunia, España - 1938
Erizo de mar
Bajo las aguas poco profundas de la costa
anclo mi coraza. No segrego ni nácar
ni perlas, la belleza no me importa,
enlutado guerrero que, con sus negras lanzas,
se oculta en una grieta de la roca.
Viajar es arriesgado pero a veces me muevo
-las espinas haciendo de muletas-
y, por torpe, las olas me revuelcan.
En el mar peligroso busco la roca
de donde no haya de moverme nunca.
En la armadura soy mi propio prisionero:
una prueba de como, si no hay riesgo,
la vida es un fracaso.
Afuera está la luz y canta el mar.
Dentro de mi la sombra: la seguridad.
José Emilio Pacheco
México – 1939 - 2014
Zopilote
No es una injuria al reino de las aves.
Tampoco aberración o falla natural perpetuada
por mera inercia evolutiva.
Al arte por el arte del pavo real o del faisán corresponde
su equivalente utilitario. (La belleza
está en los ojos de quien la contempla
y es cuestión relativa.)
Lo ves y te conduele su asimetría,
el color apagado y más bien luctuoso
y la no menos plúmbea repugnancia
de su moco de pavo. (Todo él,
aun sin la papada, se diría
un guajolote incomestible.)
Concedamos: es feo como el diablo.
(¿Alguien conoce al diablo?)
Y suscita los odios más despiadados.
(Es común apedrearlos; he visto niños
que se adiestraban para ser verdugos.)
Pero sin esta variante regional
del buitre tan infamado por la retórica,
sin este «aura tiñosa» o «gallinazo»
–con tales nombres se le injuria–
¿qué hubiera sido
de los lugares pobres frecuentados
por la fiebre amarilla y otras plagas
de los tristes tropiques?
Los zopilotes
fueron nuestras brigadas de reciclaje.
Ahora se han acabado los zopilotes.
La basura está a punto de ahogar al mundo.
Islas a la deriva- 1973-1975
Luis Enrique Belmonte
Caracas, Venezuela - 1971
El mamut de Kahatanga
“El pelo....la cantidad de pelo del animal
es impresionante. Y no sólo se conserva su color.
También se puede apreciar el olor de este Mamut que,
por lo que calculamos, al momento de su muerte,
hace 23.000 años, tenía unos 47 años de vida...”
Bernard Buigues, expedicionario francés
que, en 1999, logró extraer de la tierra congelada
un Mamut entero con sus tejidos intactos.
Sus hermanos se extinguieron
hace 10.000 años; mientras tanto,
el Mamut dormía a salvo de sus captores,
y el pelo le crecía.
Amortajado en un bloque de hielo
no supo nada del paso de estos milenios.
El transiberiano, cargado de rostros aterrados
por el silencio de aquellos parajes,
le pasó por encima muchas veces.
Y le crecía el pelo bajo la nieve.
Hace miles de años
este Mamut recorría las estepas,
pero su cuerpo quedó paralizado por una ventisca,
como un gesto en una fotografía.
Hoy al fin lo han atrapado
para descongelarlo
y despellejarlo.
Este Mamut no pudo huir
hacia esa nada de hipótesis y restos fósiles
en la que hoy descansan sus hermanos.
Su olor, su pelambre ennegrecida,
me traen noticias de aquél bostezo detenido,
noticias de un agujero blanco, estático,
en las entrañas del tiempo.
Vendrá otra larga travesía, 2006
Joaquín O. Giannuzzi
Buenos Aires, Argentina - 1924 - 2004
Perro y amo
Con el último estertor de mi vecino
su perro aulló pues había amado
lo suficiente para no creer en la vida eterna.
Vivían solos del otro lado de la pared
y desde mi agujero
escuchaba sus ruidos inexplicables.
Compartían la vejez y un mortecino abatimiento.
A veces los encontraba en el ascensor
cuando salían a la calle
como para probar el paso de los días.
El perro murió poco después
para no desmentir la lógica
de una causalidad emocional:
pero amo y perro no tuvieron la misma tumba
y cada uno bajó a la suya, en demanda
de una sola y triste necesidad.
Santiago Bao
Villa Gesell, Argentina
Cola de lagartija
Ya alteraban
nuestro antiguo sueño
las primeras piedras
que se hundieron en la tierra
para construir Cnosos,
ya no dialogábamos
con el hombre
como mucho antes
y no fuimos nosotras
quienes extraviamos
la capacidad de comunicarnos
sino que ellos
eligieron otro camino.
Dejamos la cola
como un obsequio
en memoria de otros tiempos
en que sabíamos
todas las respuestas.
José María Eguren
Lima, Perú -1882 - 1942
El Caballo
Viene por las calles,
a la luna parva,
un caballo muerto
en antigua batalla.
Sus cascos sombríos…
trepida, resbala;
da un hosco relincho,
con sus voces lejanas.
En la plúmbea esquina
de la barricada,
con ojos vacíos
y con horror, se para.
Más tarde se escuchan
sus lentas pisadas,
por vías desiertas
y por ruinosas plazas.
las respuestas.
Oliverio Girondo
Argentina -1891 - 1967
Aparición urbana
¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
herido,
malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
todo, todo desnudo,
casi azul, de tan blanco.
Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.

Virgilio López Lemus
Sancti Spíritus, Cuba - 1946
El ciervo
Hundirme en tu belleza
tan hondo, tan en ti
que yo perezca en tu caricia,
que ni el agua de mis ojos
o el silencio mismo
sean más que tu piel.
Soledad, milagro de tu frente,
en ti se advierte el ciervo
que dormita en el claro del bosque
y de pronto se pierde entre la yerba.
Qué más quisiera yo: ser ese ciervo,
entrar en tu piel como en un bosque
y escuchar el silencio del amor.
JorgeAriel Madrazo
Buenos Aires, Argentina - 1931
Propiedades del colibrí
–Diga su última voluntad –conminó el jefe del pelotón.
–Deseo que cada soldado piense durante cinco minutos en un colibrí.
Así lo hicieron. Luego, ninguno osó oprimir el gatillo.
En Quarks - Microficciones-
Rosario Castellanos
México – 1925 - 1974
La velada del sapo
Sentadito en la sombra
-solemne con tu bocio exoftálmico; cruel
(en apariencia, al menos, debido a la hinchazón
de los párpados); frío,
frío de repulsiva sangre fría.
Sentadito en la sombra miras arder la lámpara
En torno de la luz hablamos y quizá
Uno dice tu nombre.
(En septiembre. Ha llovido)
Como por el resorte de la sorpresa, saltas
Y aquí estás ya, en medio de la conversación,
En el centro del grito.
¡Con qué miedo sentimos palpitar
el corazón desnudo
de la noche en el campo!
Martín Micharvegas
Argentina - 1935. Reside en España
Zoológico -Canción
Ellas están en un lugar cerrado.
Tienen los ojos secos, las uñas partidas.
Andan buscando el sol, haciendo siestas,
tratando de pasar pronto la vida.
Los que miran
sienten para sí,
secretamente,
la presencia fugaz
de una selva perdida.
Fieras que no eligieron vivir juntas
ni compartir con otras techo y comida:
Fieras que del amor sólo conocen
grises obligaciones muy aburridas.
Quien las mira
siente para sí,
secretamente,
la presencia fugaz
de una selva perdida.
Yo no soy sólo aquel que apunta con un dedo
hacia las jaulas tristes de fieras vencidas.
También estoy gastado, dando mis vueltas
en esta pretenciosa jaula sin vida.
Quien me mira
siente para sí,
secretamente,
la presencia fugaz
de mi selva perdida.
de “ Canciones de fogueo”, Buenos Aires, octubre 1969
Eduardo Milán
Rivera, Uruguay - 1952
Poema del pájaro donde estoy yo
Poema del pájaro donde estoy yo
haciendo como de pájaro.
Poema del canario donde estoy yo
y digo: envidio su fragilidad
aunque no envidio su fragilidad.
Tengo que trabajar para sostener esto.
Poema del pájaro donde estoy yo
que empieza con gran distancia
casi objetivamente. Falsa objetividad:
trabajo para cantar eso que sin ser pájaros
también llamamos canto.
Debería surgir de lo más hondo
del deseo de ser pájaro.
Pero no surge: no me comparo,
yo no me vendo, yo no me compro
las vendas de mis heridas.
de “ Canciones de fogueo”, Buenos Aires, octubre 1969
Jorge Boccanera
Bahía Blanca, Argentina - 1952
Los insectos astillan el aire. Tenaces
las mandíbulas fabrican montañas de silencio.
Muerden, logran cesar las hojas que chasquean.
Es posible palpar aquello que nadie puede oír.
En sus ojos metálicos cruza el polvo de las ciudades desaparecidas.
El escarabajo dice: “todo silencio es extranjero”.
La hormiga escribe: “aroma del misterio”.
La iguana verde piensa: “el silencio existe solamente
para los muertos, pero ellos no pueden escucharlo”.
El bambú intuye que ese silencio es algún dios cantando.
Lo no dicho es un viento que lo sacude todo.
Del esqueleto de la fronda, cae su ceniza atronadora.
Palma Real, Visor, Madrid 2008 - VIII Premio Casa de América de Poesia Americana
Umberto Saba
Gorizia, Italia - 1883 - 1957
La cabra
He hablado a una cabra.
Estaba sola en el prado, estaba atada.
Harta de hierba, bañada
por la lluvia, balaba.
Aquel balido fraterno era
igual a mi dolor. Respondí, primero
bromeando, luego porque el dolor es eterno,
tiene una sola voz y no varía.
Oía esta voz
gemir en una cabra solitaria.
En una cabra de rostro semita
oía el lamento de otros animales,
de cualquier otra vida.
Arturo Corcuera
Trujillo, Perú - 1935
Fábula y metáfora del gallo
Reloj despertador,
Hijo apócrifo del papagayo.
No anuncia la madrugada
el tornasol clarinero.
— ¿Qué tiene el gallo
que se há Callado?
— Hay que llevarlo al relojero.
Julio dela Vega
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia - 1924
Descubrimiento del grillo
Abrió ante los soldados portones la leyenda
y entraron en la gloria pisando la maleza...
Vino a platear la luna adargas y armaduras
cuando moría la tarde asida en los celajes...
El oído de la tropa sintió vibrar los élitros,
sintió la nueva música en instrumento nuevo
y el grillo serruchando y cantando sus saltos
colgó canción de alambre donde estallaban trinos…
Y entre las barbas negras que aclaraban sonrisas
se inventó la guitarra minúscula del grillo.
Rafael Felipe Oteriño
La Plata, Argentina - 1945
La gaviota
La gaviota vuela siete jornadas
detrás de la estela que el mar borra.
Vuela desde antes de la tentación
como si no hubiera regreso.
Hacia espejismos donde toda ilusión
se descompone y comienza a caer.
Sobre ciudades que de pronto se cierran
o melancólicas se abren a la extenuada fe.
Y arriba a momentáneas delicias:
ser puro espíritu lejos de la tierra,
ojo ingrávido que deja su sitio aquí
y sueña en la luz del día
y sueña
mientras el corazón fija un rumbo falso
para que el deseo de volar no acabe.
De El príncipe de la fiesta, 1983
Bartolo Cattafi
Italia - 1922 – 1979
Mosca
La mosca zumba
sobre la palabra mosca
la provoca para hacerla
volar del papel
la mosca ignora
que la otra mosca
-bisílabo de tinta sobre papel -
no es ya su compañera
sino la nuestra.
Versión al castellano, Gabriel Impaglione

Luis Camilo Guevara
Venezuela - 1938 – 2014
Águilas
Suelen tener corazones duros
Alzan vuelos sin término preciso
Pero vedlas en vez de triunfantes
aturdidas en medio del vacío
y en espera del tiro de gracia
Suelen discurrir en parejas
así verá el cielo cuántas amabilidades
para sucumbir con más desgracias que un sueño
Suelen ser águilas siempre
Jorge Luis Borges
Buenos Aires, Argentina – 1899 - 1986
Beppo
El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto
Carlos Barbarito
Pergamino, Argentina - 1955
Ojo de cernícalo, desde arriba
Ojo de cernícalo, desde arriba.
Se abre. Mira. Quién bebe
de la botella del Juicio, el agua blanca;
la era yace en su obstinación,
no se levanta, no se convierte en espiga.
Quién encuentra quietud
en el pasillo profundo, en la continua mudanza;
de qué conversa la sombra con su sombra,
en qué lengua, cómo sostiene,
sobre su espalda, el peso de la gramática.
Hace frío. En la boca del caballo, el freno.
No nace hijo en la espuma.
No nace hija en la ceniza.
Qué se lleva el olor, el vestido,
el pasaje de tren hacia el mar, Bizancio;
quién se abanica en ausencia de aire, sin reposo,
quién salva la última vértebra de Virgilio,
quién captura al relámpago,
se tiende, desnudo y vivo, luego de la infancia.
Ojo de cernícalo, se abre y mira.
Charles Baudelaire
París, Francia - 1821 - 1867
El albatros
A veces, por divertirse, los hombres de la tripulación
capturan albatros, grandes pájaros del mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al barco que se desliza sobre abismos amargos.
Apenas los han situado en cubierta,
esos reyes del éter, torpes y avergonzados,
dejan piadosamente sus grandes alas blancas
como remos colgar de sus flancos.
¡El gran viajero alado, ahora tontón y apático!
¡Él, tan hermoso antes, ahora cómico y feo!
¡Uno irrita su pico con la pipa encendida,
y el otro, renqueando, imita al volador que anda!
El poeta es similar a ese príncipe de las nubes
que ríe de la tempestad y ríe del arquero;
exilado en la tierra entre burdos silbidos
sus alas de gigante le estorban en el suelo.
Traducción: Luís Antonio de Villena
Efraín Bartolomé
Chiapas, México - 1950
Casa de los monos
Para qué hablar
del guayacán que guarda la fatiga
o del tambor de cedro donde el hachero toca
A qué nombrar la espuma
en la boca del río Lacanjá
Espejo de las hojas Cuna de los lagartos
Fuente de macabiles con ojos asombrados
Quizá si transformara en orquídea esta lengua
La voz en canto de perdiz
El aliento en resoplar de puma
Mi mano habría de ser una negra tarántula escribiendo
Mil monos en manada sería mi pecho alegre
Un ojo de jaguar daría de pronto certero con la imagen
Pero no pasa nada Sólo el verde silencio
Para qué hablar entonces
Que se caiga este amor de la ceiba más alta
Que vuele y llore y se arrepienta
Que se ahogue este asombro hasta volverse tierra
Aroma de los jobos
Perro de agua
Hojarasca
José Coronel Urtecho
Granada, Nicaragua -1906 – 1994
Pequeña oda a Tio Coyote
¡Salud a tío Coyote,
el animal Quijote!
Porque era inofensivo, lejos de la manada,
perro de soledad, fiel al secreto
inquieto
de su vida engañada
sufrió el palo, la burla y la patada.
Fue el más humilde peregrino
en los caminos de los cuentos de camino.
Como amaba las frutas sazonas,
las sandías, los melones, las anonas,
no conoció huerta con puerta,
infranqueable alacena
ni propiedad ajena,
y husmeando el buen olor de las cocinas
cayó en la trampa que le tendieron las vecinas
de todas las aldeas mezquinas
y se quedó enredado en las concejas
urdidas por las viejas
campesinas.
Y así lo engendró la leyenda
como el Quijote de la merienda.
Pero su historia es dulce y meritoria.
y el animal diente-quebrado,
culo-quemado,
se ahogó en una laguna
buceando el queso de la luna.
Y allí comienza su gloria
donde su pena termina.
También así murió
Li-Tai-pó,
poeta de China.
Manuel González Prada
Perú – 1844 -1918
Los cuervos
Bajo el dosel de gualda
Nubarrones de cuervos
Aparecen y graznan.
Hidrofóbicos luchan
Y en el campo destilan
Cálida roja lluvia.
Con los picos de acero,
No se hieren los ojos,
Se taladran los pechos.
Por azuladas cumbres
Al desmayo del Sol,
Desaparecen, huyen……
Se van sin corazón


Konstantino Kavafis
Alejandría de Egipto – 1863 -1933
Los caballos de Aquiles
Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan valeroso, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar;
sus naturalezas inmortales se indignaban
por esta obra de la muerte que contemplaban.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con las patas, y lloraban a Patroclo
al que sentían inanimado -destruido-
una carne ahora mísera -su espíritu desaparecido-
indefenso -sin aliento-
devuelto desde la vida a la gran Nada.
Las lágrimas vio Zeus de los inmortales
caballos y apenose. "En las bodas de Peleo"
dijo "no debí así irreflexivamente actuar;
¡mejor que no os hubiéramos dado caballos míos
desdichados! Qué buscabais allí abajo
entre la mísera humanidad que es juego del destino.
A vosotros que no la muerte acecha, ni la vejez
efímeras desgracias os atormentan. En sus padecimientos
os mezclaron los humanos". -Pero sus lágrimas
seguían derramando los dos nobles animales
por la desgracia sin fin de la muerte.
Por azuladas cumbres Al desmayo del Sol, Desaparecen, huyen…… Se van sin corazón
Eugenio Mandrini
Buenos Aires, Argentina -1936
La almohada
En mi almohada hay un tigre.
Me lava la cabeza con su aliento de fósforo,
me cuenta la selva en el oído, el matorral
donde acechan las voces del terror o el susurro, el
arte del sigilo que apaga el gemir
de las hojas secas.
En mi almohada hay un tigre.
El resplandor donde los ciegos tambalean.
La sangre de la luz que envidia el fuego.
Si duerme –raras noches-
lo hace con la cola enroscada en mi cuello
como un látigo que espera.
Si está alerta –tantas noches-
me habla. Me dice: Escribe,
con el asombro del color que soy
con el hambre de las entrañas que soy
con el brillo de oscuridad de la mirada que soy.
En mi almohada hay un tigre.
Todo tigre es un poema feroz.
Briceida Cuevas Cob
Tepakán, México -1969
El búho
El búho llega.
Se agazapa sobre el muro.
Medita.
Qué muerte anunciar
si ya nadie vive en este pueblo.
Los fósiles de la gente
Transitan a ningún lado.
Pinta la luna las tumbas del camposanto
que ha comenzado a masticar la maleza.
El búho
ensaya un canto a la vida.
Se niega a presagiar su propia muerte.
Kenneth Rexroth
Estados Unidos - 1905 - 1982
Un bestiario / Ciervo
Los ciervos son tiernos y elegantes
Y tienen ojos bellos.
No hieren a nadie sino a sí mismos,
Los machos, y sólo por amor.
Los hombres han inventado varias
Miles de formas de matarlos.
Versión de Carlos Mayhua.
publicado con el título "A bestiary" en 1956.
Juan Gelman
Buenos Aires, Argentina -1930 - 2014
El pato salvaje
A Jorge Boccanera
En medio de su olvido ocurre
la grandeza del mundo en la
fuga del pato salvaje.
Y cómo vuela la criatura, cómo
escribe trecho a trecho fuego
en la forma invisible
que apuesta contra él.
Eso es volar y los espacios
de lo que triste era, rocan
un todo pequeñito.
Ave pájaro que
cruzás el cielo como una ilusión
de lo que fue no sido
bajo el sol que no hace preguntas.
exilado en la tierra entre burdos silbidos
sus alas de gigante le estorban en el suelo.
EugenioMontejo
Caracas, Venezuela – 1938 - 2008
El buey
El buey que lleva mis huesos por el mundo,
el que arrastra mi sombra,
uncido a las estrellas, a yugos siderales,
va arando el tiempo, no la tierra,
por eso es sabio, profundo, demorado,
al tardo paso de las nubes.
Es mi buey, mi maestro cuadrúpedo,
por quien he conocido en la quietud
el habla porosa de las piedras
y cierta obediencia práctica a las cosas,
casi taoísta.
Es mi buey, la parte móvil de mi estatua,
lento de sol a sol sobre las horas;
el que ara el tiempo, no los campos,
el que graba con surcos en mi rostro
las semanas, los meses y los años.
Joaquín Gianuzzi
Argentina – 1924 - 2004
El puesto del gato en el cosmos
Uno siempre se equivoca cuando habla del gato.
Se le ocurre por ejemplo que junto a la ventana
el gato se ha planteado en el fondo de los ojos
un posible fracaso en la noche cercana.
Pero el gato no tiene un porvenir que lo limite.
A uno se le ocurre que medita, espera o mira algo
y el gato ni siquiera siente al gato que hay en él.
¿Cómo admitir detrás del movimiento de la cola
una motivación, un juicio o un conocimiento?
El gato es un acto gratuito del gato.
El que aventure una definición debería
proponer sucesivas negaciones al engaño del gato.
Porque el gato, por lo menos el gato de la casa,
particular, privado e individuo hasta las uñas,
comprometido como está
al vicio de nuestro pensamiento
ni siquiera es un gato, estrictamente hablando.
Gabriela Mistral
Chile – 1889 -1957
El pavo real
Que sopló el viento y se llevó las nubes
y que en las nubes iba un pavo real,
que el pavo real era para mi mano
y que la mano se me va a secar,
y que la mano le di esta mañana
al rey que vino para desposar.
¡Ay que el cielo, ay que el viento, y la nube
que se van con el pavo real!
Marilina Rebora
Argentina – 1919 - 1999
La Hormiga
Sin saber que es domingo, ruidoso día de fiesta,
va llevando su carga la minúscula hormiga:
el trozo de una hoja en perfilada cresta
columpiase oscilante sin impedir que siga.
Apenas se apresura, que caminar le cuesta,
y se esfuerza consciente pues el deber la obliga,
prosiguiendo el sendero, pese a tal lastre, enhiesta,
pero sin detenerse ni demostrar fatiga.
¿Cómo sigue su rumbo el portentoso insecto,
conociendo infalible la dirección que toma?
¿Qué indicios lo conducen por previsto trayecto
y alcanzar sin perderse el lugar donde vive?
¿Será acaso la brisa? ¿O tal vez el aroma?
¿Quizá la propia tierra por su altura o declive?
¿Cuál será la conciencia de un obrar tan perfecto?
Antonio Arroyo Silva
Islas Canarias - 1957
A Simba
Esta noche mi perro ladra en la oscuridad,
parece decidido a buscar el blancor
de la luna que asoma su faz de entre las nubes.
Pero no tengo perro y lo que ladra acaso
sea un estremecerse que no puedo entender:
a mí me suena a perro que me llama
desde lo más profundo.
Luis Alberto Salvarezza
Argentina – 1957
Ars poética fáunica
Mis poemas
aguijonean como avispas,
ríen como hienas,
gruñen como cerdos
y como padrillos
galopan apasionadamente.
Se arrastran,
cargando no sé qué culpa,
como serpientes
y caen
a pique
como hambrientas gaviotas
pero,
soberbia aparte,
caen certeramente
Caen
levantando un temblor de escamas
y también algo de la muerte
Por eso
a veces
para alimentar
tanto ardor
simplemente digo
es septiembre.
Todo está en celo
y amanece.
No saben de arpas,
violines,
ni liras,
¡sí! de relinchos,
silbidos, cacareos,
maullidos, zureos,
gorjeos, graznidos,
ladridos...
y como la crisálida
anticipa a la mariposa
y el huevo al colibrí
son cáscara o pura envoltura,
algo tan próximo a la flor
que quiere suspenderse
Otras veces
son crines, escamas o púas
que se enhebran
al galope del viento,
a las correntadas
o se están allí,
esperando.
Tienen mucho del interior de las almejas de río
y si te esfuerzas comprenderás que en algún momento
quisieron parecerse a una perla y rodar
o enhebrarse al cuello de la literatura y brillar o allí estarse.
Rosario, Santa Fe, agosto de 2006
Fernando Arrabal
Marruecos – 1932. Reside en España
IV
¡Con qué jubilosa exactitud el color,
celoso de la forma,
concibió los matices
en las alas
de la libélula!
¡Con qué fulgores precisos
la armonía
puso colofón
al destello irisado de su gama!
¡Con qué reverencia justa los afectos
variaron los tonos
para una belleza
más sentida que creada!
¡Con qué regalo infinito
los infinitos colores
dejan de ser hermosos
para aparecer sublimes!
Luis de Góngora
España – 1561 - 1627
Al importuno canto de una golondrina
A la pendiente cuna
vuelves, al que fiaste nido estrecho,
oh huéspeda importuna,
de las retamas frágiles de un techo,
que arboleda celosa aun no lo fía
de cuanta le concede luz el día.
Oh tú, de las parleras
aves la menos dulce y más quejosa,
¿por qué el silencio alteras
de una paz muda, sí, pero dichosa?
¿Quieres en tu ruïdo que presuma
que miente voz la invidia y viste pluma?
Magníficas orejas
ofendan en alcázares dorados
tus repetidas quejas,
mientras yo entre estos sauces levantados
aplauso al ruiseñor le niego breve
sobre la yerba que ese cristal bebe.
¿Cuál, di, bárbara arena
de sierpes has dejado engendradora,
por turbar la serena
dulce tranquilidad que en este mora
tan grato como pobre albergue, donde
sellado el labio, la quietud se esconde?
Aquí, pues, al cuidado
niego estos quicios, niego la cultura
de ese breve cercado,
cuyo líquido seto plata es pura
de arroyo tan oblicuo, que no deja
la fragrancia salir, entrar la abeja.
(1614)
José Santos Chocano
Lima, Perú - 1875 –1934
El sueño del caimán
Enorme tronco que arrastró la ola,
yace el caimán varado en la ribera;
espinazo de abrupta cordillera,
fauces de abismo y formidable cola.
El sol lo envuelve en fúlgida aureola;
y parece lucir cota y cimera,
cual monstruo de metal que reverbera
y que al reverberar se tornasola.
Inmóvil como un ídolo sagrado,
ceñido en mallas de compacto acero,
está ante el agua estático y sombrío,
a manera de un príncipe encantado
que vive eternamente prisionero
en el palacio de cristal de un río.
Gianni Siccardi
Banfield, Argentina - 1933 - 2002
El mirlo
(fragmentos)
El círculo
de una tarde de verano
La casa
junto al río que no vuelve
Y en la calma hechizada
donde el pensamiento
cierra su celda
mirar la carpa del cielo
y descubrir un mirlo
...
Cuando su pareja muere
al mirlo sólo le quedan
una vida
y dos muertes
...
Aunque el mirlo nazca
en un nido de cuervos
aprenderá a cantar
de El mirlo (2004)
Feliciano Sánchez Chan
Xaya, Yucatán, México
Sueño Sexto
Soy el colibrí
que traza arcoíris en el cielo
con el resplandor de su vuelo.
Soy tu imagen bordado
en la Lluvia,
hijo de tu espejo
siete veces transparente
donde no me hallas
cuando quieres mirarme,
y me miras
cuando no quieres hallarme.
Anónimo
India antigua
Un ciervo solo
en la distancia
la cierva lo mira
con tal deseo
que el cazador oculto
en el follaje recuerda
a la mujer que amó
y deja caer el arco.
Luis Benítez
Buenos Aires, Argentina - 1956
Una garza en Buenos Aires
Algún pincel trazó una rápida letra S
delgada y blanca
sobre el agua castaña y allí estaba
de improviso la garza,
los turistas no la vieron
y ella sí vio todo y a todos, rápida
e inmóvil sobre el milagro del agua.
Un espejo en medio de la ciudad
negligente, pintado de transparente,
un ojal abierto que abrochó en un solo momento
toda la ropa vestida por el invierno.
Ella seguía en la orilla fatal de su propio Amazonas,
la pata desdeñosa replegada contra el cuerpo,
en un decir mi equilibrio está hecho
de una perenne silueta
y de una manera perenne que no los reconoce.
Era un arpón paciente atento sólo al cálculo
entre el berrido juguetón de los patos domésticos,
solamente ella precisa como una diminuta guadaña
en el Jardín Japonés que afable exponía sus gracias,
con esa serenidad oriental que nada sabe
de los bruscos asesinatos de una garza con hambre.
Todos se fueron pero de modo igual yo no vi nada:
faltó un segundo entre las cosas, creí;
un instante en el instante siguiente
fue sanguinariamente salteado,
pero cuando la garza voló
otra vida que la suya en el estanque faltaba.
Antonio Machado
España – 1875 - 1939
las moscas
Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
-que todo es volar-, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
Rodolfo Dada
San José, Costa Rica - 1952
21
La medusa es una bailarina de otro siglo,
ten cuidado con ella.
Den Sute-jo
Japón - 1633 - 1698
Las luciérnagas
temen su reflejo
en el agua.
Octavio Paz
México – 1914 - 1998
La Exclamación
Quieto
no en la rama
en el aire
no en el aire
en el instante
el colibrí
Bernardo Uchitel
Argentina - 1942
Viví ahí
En el Uruguay
vi el dorado
saltar
y esconderse
destello
hundido
del sol.
Gabriel Impaglione
Argentina – 1958
Cómo se inventa un pájaro?
Con puñado de viento emplumado
o corazón de vértigo en picada?
Triunfo Arciniegas
Colombia
Leyenda
Los colibríes escapan de la boca de las niñas
del convento.
Lau Siqueira
Jaguarão, Rio Grande do Sul, Brasil, 1957.
plectro
nada será mais denso que um
pequeno pássaro pousado sobre
as crinas da manhã
Juan Cameron
Valparaiso, Chile – 1947
Una raya más al tigre
Qué le hace el agua al pescado
Al tigre una raya en el prontuario
Al albatros unas horas más de vuelo?
Pasarán camellos por agujas
Poetas por puertas de juzgado
El tigre – ese poema con mil versos-
Ese animal urbano- gruñe bajo suelo
Lanza zarpazos a sí mismo
Raya las paredes en silencio.
William Blake
“El rugido de los leones, el aullido de los lobos, la ira del tempestuoso mar y la espada destructiva, son porciones de eternidad demasiado grandes para el ojo humano”








Rolando Revagliatti
Argentina
como sean
A la yudi
con sombrerete requintado camiseta de ñuls y
[dos pares de medias de lana
despabilándonos con el rabo enérgico
erizándose husmeando tragando azotillo
[recalentado o tripas de animal vencido
mordisqueando delicados buñuelos o express
henchido de experiencias campestres guardianas
[o contenedoras
drogadicto
o bisoño
o examinadísimo adjudicatario de copas y
[medallas
revolcándose en la arena o higienizado con
[champú
con titular adherente al kennel’s card o
[merodeador de cementerios
con destino implacable y lápida o alimento de
[humanos
faldero chucho o depredador lo queremos lo
[mismo
de aguas o de vinos o de infusiones aromáticas
romo o puntudo
carifeo carilindo o cariacontecido
en pleno invierno ventoso o a comienzos de la
[canícula
entre san juan y mendoza o entre tierra del
[fuego y santa cruz
ofreciéndonos la patita o alcanzándonos el
[intrascendente vespertino
solícito y simpático y hasta humilde como lo
[describimos
adusto o enfermucho
con o sin bozal
antes o después de las vacunas
amurallando a parturienta gata y recién nacidos
[micifuces
o amedrentando a niños inexpresivos
ladrando a la luna
fingiendo
lupino o chacal
"De mi mayor estigma (si mal no me equivoco)"
Santiago Bao
Argentina
Lomo de buey
Soporto todo
por migajas de esperanzas.
Me conformo.
Mi universo se repite
de surcos, senderos
y horizontes chatos.
Cargo sobre el lomo
los trabajos y los días.
Desde el establo
no envidio al hombre
que carga su faena.
Se endurece mi carne
en la dejadez de la rutina.
Des/ventajas del andar
descuidado
que inclina los atardeceres
hacia antiguas tristezas.
Jacques Prévert
El gato y el pájaro
Un pueblo escucha desolado
el canto de un pájaro herido.
Es el único pájaro del pueblo
y es el único gato del pueblo
que lo ha devorado a medias.
Y el pájaro cesa de cantar
el gato cesa de ronronear
y de relamerse el hocico.
Y el pueblo le hace al pájaro
maravillosos funerales.
Y el gato que está invitado
marcha detrás del pequeño ataúd de paja
donde el pájaro muerto está estirado
llevado por una niñita
que no deja de llorar.
Si hubiera sabido que eso te daba tanta pena,
le dice el gato,
me lo hubiera comido del todo
y después te hubiera contado
que lo había visto volarse
volarse hasta el fin del mundo
allá donde es tan lejos
que nunca se vuelve.
Tu hubieras tenido menos pena
Simplemente tristeza y aflicción
Nunca hay que hacer las cosas a medias.
Nicolás del Hierro
Piedrabuena, España – 1934
Estos negros caballos de la noche,
que piafan y al de Atila nos recuerdan,
porque pisan y la espina se crece
en torno al golpeteo de sus cascos,
¿no son de miedo sólo y desengaño?
¿De qué desasosiego social vienen?
¿Qué luna hirió la tarde de su tiempo
cuando la hierba muere tras su huella?
Habría que llamar a las libélulas
por si su resplandor les ilumina,
por si su crin en movimiento aleja
el polvo que nos turba la mirada.
¡Habría que implorar con voz más nueva!
Leonida Lari
Moldavia -1949 - 2011
El ojo del pájaro
El ojo del pájaro todavía vivo
en la boca de la felina
me sigue
de día y de noche.
Por un momento he pillado
su destello de la vida
parpadeando con una llama espeluznante –
fue divino.
Traducción al castellano: Andrei Langa
